Artículo sobre Tartessos por Sandra González y María Ruíz Oliver (2º Bach B)

. (Estos textos están  basados en un artículo de Historia, National Geographic)

El reino del oro y la plata Tartessos

Tartessos es una tierra rica en metales preciosos situada en el lejano Occidente. Cuenta el Antiguo Testamento que las naves del rey Salomón (Israel) volvían cada tres años cargadas de oro, plata, marfil, monos y pavones desde este misterioso lugar.

El primer autor que mencionó a Tarsis se estaba refiriendo a un lugar situado más allá del estrecho de Gibraltar. Desde esta primera mención el aura enigmática entorno a Tartessos no se ha desvanecido. Numerosos viajeros y arqueólogos se han lanzado a la búsqueda de los restos de aquella civilización que floreció entre 1000 y 500 aC para desaparecer y caer en un olvido que ha durado hasta hace poco.

El interés por la misteriosa Tartessos se remontan a la Antigüedad. Diversos historiadores griegos (S.VII-IVaC) dejaron constancia de lo que se sabía sobre aquella civilización. Avieno en su “Ora Maritima” hablaba de un río llamado Tartessos que ceñía la isla en la que se encontraba la ciudad.

Arqueólogos contemporáneos han creído hallar los restos de la Atlántida en la región de Tartesia, de momento se trata de una conexión imposible, basada en fabulaciones.

El primer autor que intentó localizar con exactitud Tartessos fue el filólogo Antonio de Nebrija, autor de la primera gramática castellanna. En 1492, Nebrija identificó Tartessos con el río Betis (Guadalquivir). Las conjeturas de Nebrija, emitidas desde la intuición, no contaban con ningún tipo de respaldo arqueológico.

La investigación arqueológica se inició en el S.XIX. Primero fue Bonsor quien comprobó el potencial arqueológico que existía bajo sus pies y  recuperó un alijo de piezas tartésicas en la necrópolis sevillana. Le siguió Adolf Schulten que utilizaba la “Ora Maritima” de Avenio para encontrar su objetivo, y dió con el Coto de Doñana. Schulten pretendía demostrar que Tartessos yacía en las Marismas y pasó a la acción con la ayuda de Bonsor.  Este constituyó el punto de partida de investigaciones anteriores.

Además hay que tener en cuenta que  todos los testimonios se refieren a Tartessos como una ciudad metalurgica. y atendiendo a esta idea, el 30 de Septiembre de 1958 una cuadrilla de obreros de Sevilla hizo un sensacional descubrimiento: aparecieron 16 placas, dos brazaletes, dos pectorales y un collar de oro macizo.

El hallazgo del tesoro del Carambolo alborotó a los científicos cuando muchos se resignaban ya a una Tartessos virtual. El Carambolo se convirtió en la imagen de la cultura tartesia. Mata Carrizo desenterró muros, estudió cerámicas y demostró que Tartessos no era una alucinación de los autores de la Antigüedad y así pues pudieron definir un mapa de la civilización tartesia que se extendía por la mitad sur de la Península.

En años recientes se piensa que la cultura de Tartessos tiene una relación con la cultura fenicia. En el S.VIII aC los fenicios fundaron ciudades muy próximas al de los tartesios, con quienes mantuvieron contactos económicos y artísticos.

Resumen de María Oliver ( 2º Bach B)

 

TARTESSOS, DEL MITO A LA HISTORIA

Tal y como ya sabemos, Tartessos fue una población que se desarrolló en la costa suroeste de la Península Ibérica. Esta civilización se mantenía principalmente gracias a la metalurgia, de hecho su rey, Argantonio, lleva el diminutivo en latín de la plata en su propio nombre.

El primer autor que cita a esta civilización se refería a las relaciones comerciales entre Israel y este pueblo y los situaba  allá de las columnas de Hércules. Entre los autores  más importantes se encontraba Avenio, que en su obra “Ora marítima” describe un río que atravesaba esta ciudad al cual lo denominaban de igual nombre, Tartessos. Más tarde, Eforo describe a Tartessos como una ciudad próspera.

Mucho más adelante, Antonio de Nebrija fue un filólogo que intentó localizar con exactitud a esta civilización. Relacionó Tartessos con las marismas del Guadalquivir, pero como su teoría se basaba en suposiciones no tuvo ningún respaldo arqueológico.

George Bonsor fue el primero en investigar arqueológicamente Andalucía en busca de Tartessos. Lo único que encontró fue un conjunto de piezas tartésicas halladas en la Cruz del Negro, Carmona, Setefilla y en el Cerro del Trigo. Bonsor siguió investigando junto a Adolf Schulten, el cual quería seguir el ejemplo de Schlieman, que había desenterrado Troya gracias a su fe en las fuentes clásicas. Con el tiempo lo único que pudieron recuperar fueron unas ruinas romanas en el Cerro del Trigo.

En  1958 unos obreros que trabajaban en unos terrenos sevillanos hicieron un descubrimiento esencial. Encontraron un recipiente de barro en cuyo interior se hallaba dieciséis placas, dos brazaletes, dos pectorales y un collar. Todo era de oro macizo  y tras analizarlas se concluyó que era un tesoro de Argantonio: “El tesoro del Carambolo”. Todo esto demostró que Tartessos no era una ficción de los autores clásicos sino una realidad.

Ahora la duda se hallaba en que si estos restos arqueológicos eran de carácter tartésico o fenicio debido a las relaciones y cercanía entre estos dos pueblos. Sobre este tema hay varias interpretaciones según los diferentes arqueólogos. Unos defienden que estas relaciones se mantuvieron independientes unas de otras, y otros opinan que se fusionaron culturalmente.

 

 

 

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