Reseña de la obra de teatro “Yerma” por Carmen Cuadrado (2º Bach A)

Yerma es una obra de Federico Gacía Lorca. En ella se cuenta la historia de una Yerma
señora que a pesar de llevar muchos años casada con su marido, no concebía un hijo, y en consecuencia desarrolla una fuerte obsesión por el tema de la descendencía, que la hará a su vez tremendamente infeliz. Así pues, llega a recurrir a medidas místicas y a la misma brujería para engendrar ese hijo tan deseado. Desgraciadamente, de nada le sirvió su empeñó, pues solo consiguió consolidarse como el ‘hazmereir’ del pueblo y deteriorar notablemente las relaciones con su marido, al cual acaba estrangulándo al final de la obra en un acceso de locura.
Me pareció una obra muy original, en la que el célebre autor andaluz consigue transmitir su visión particular de la mujer, a la que considera una criatura fuerte y capaz de soportar una gran carga. Con esta obra llama a la concienciación social y a la modernización de las costumbres que pueden afectar a esta colectividad. Con la figura de Yerma expresa la gran presión social que se ejercía en aquel momento sobre las mujeres, de las que se esperaba que siempre dieran descendencia. Sin embargo, me pareció que esta realidad estaba demasiado exagerada, pues el personaje de Yerma llega a a desarrollar comportamientos y actitudes esperpénticos ante su esterilidad, y no creo que esta sea la situación general, es más considero que este tipo de mujeres alcanzaban un estado más cercano a la resignación aunque, como reclama Lorca, muchas veces acompañado de una ostigación y murmuración constante por parte del ambiente social.
La interpretación de los actores, en especial de Silvia Marsó que encarnaba a la de la protagonista, me pareció bastante buena. Pero el desarrollo del argumento me resulto realmente intenso, pues el incontable número de monólogos y la obsesión constante de la protagonista agotaron hasta al espectador más dispuesto. La espera incansable que nace en el público por un giro aunque sea ínfimo en el argumento, culmina en una desilusión y un desencanto total, en concreto, ante el final trágico en el que el argumento cambia de su velocidad base de lentitud mortecina, a una siniestra extrema velocidad que impide al público digerir el asesinato final.
Personalmente, nunca recomendaría esta obra a nadie por la angustía final que genera

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