Los 12 trabajos de Hércules ( parte 1º) por Francisco Torres España y Laura Pernía (1º Bach B)

LEÓN DE NEMEA

El León de Nemea era un monstruo que vivía en esta ciudad. Éste aterrorizaba los alrededores de Nemea y su piel era tan gruesa que ningún arma podía penetrarla.  Cuando Heracles tenía dieciocho años, Euristeo le ordenó como el primero de sus trabajos traerle la piel del león que aterrorizaba toda Nemea

Sin temor, el héroe parte hacia la ciudad. Cuando llega, empieza a buscar al león, hasta que en su búsqueda encuentra una cueva donde habita la fiera. En el momento que la bestia sale, Heracles le lanza flechas, pero no le hace nada ya que la piel del león es invulnerable. Entonces el león se refugiaba en una cueva con dos salidas y Heracles cierra una de ellas para que la bestia no se escape. Es el momento donde el héroe, después de una larga y fuerte batalla cuerpo a cuerpo con el león, lo estrangula causándole la muerte. Ya muerto, Heracles tardó horas en intentar quitarle la piel, hasta que aparece la diosa Atenea disfrazada de anciana y le dice que la única forma de despellejarlo era con sus propias pezuñas. Y entonces, Heracles usó la piel como armadura.

HIDRA DE LERNA

Era un monstruo cuyo padre es Tifón. Fue criada por la diosa Era debajo de un pantano para que sirviera de prueba a Heracles. Se representa como una serpiente de varias cabezas. El hálito que salía de sus fauces era mortal, hasta el punto de que quien quiera que se acercase, incluso mientras el monstruo dormía, moría. También destruía las cosechas y devoraba el ganado. Matar la Hidra de Lerna fue el segundo trabajo de Heracles asignado por Euristeo.

Heracles, junto con su sobrino Yalao, disparó flechas en llamas al refugio del monstruo para obligarle a salir. Entonces se enfrentó a ella con su espada y empezó a cortarle las nueve cabezas que tenía, pero cada vez que le cortaba una, renacía otra en el mismo lugar. Su sobrino le ayudó quemando el cuello de la cabeza cortada para que no renaciera otra.

Entonces Heracles, a cuando la hidra le quedaba su única cabeza inmortal, la cogió y la enterró debajo de una gran roca.

 CIERVA DE CERINEA

Heracles debía capturar a la cierva para llevarla viva a Micenas y entregarla a Euristeo. La Cierva de Cerinea tenía pezuñas de bronce y cornamenta de oro, estaba consagrada a Artemisa ya que era una de las cinco ciervas que la diosa había intentado capturar para engancharlas a su carro y había sido la única que había logrado escapar. Pero la cierva era muy veloz (tanto que las flechas no la alcanzaban) y no le fue fácil atraparla, por lo que la persiguió día y noche sin descanso hasta el país de los Hiperbóreos. Allí la capturó mientras ésta tomaba agua y la llevó a Euristeo. Heracles tardó 12 meses en capturarla.

Heracles, era consciente de que si derramaba una sola gota de sangre de la cierva tendría que dar explicaciones, y sufrir el consiguiente castigo. Aprovechando que la cierva estaba bebiendo, Heracles le atravesó las dos patas por la piel utilizando una flecha que hizo pasar entre el tendón y el hueso, sin llegar a derramar su sangre. Una vez inmovilizada, la apresó y la llevó a Micenas. Su gran hazaña sirvió de ejemplo a otros muchos héroes de la antigüedad como Yhuidr y Casto.

   JABALÍ DE ERIMANTO

En el camino hacia Erimanto, Heracles hizo una parada para visitar a su amigo el centauro Folo, quien en memoria de tiempos lejanos compartió con él su comida y su vino. Pero los otros centauros, al oler el vino que estaba especialmente reservado para ellos se enfurecieron de tal manera que atacaron a Heracles, quien primero los rechazó y luego con sus flechas envenenadas mató a varios de ellos mientras los demás se retiraban.

Mientras Heracles enterraba a sus víctimas, su amigo Folo sacó una de las flechas de Heracles y la examinó asombrado de que algo tan pequeño pudiese dar muerte a criaturas tan formidables, pero con tal torpeza que la flecha se le cayó hiriéndolo en un pie y matándolo. Heracles lo enterró al pie de la montaña que tomó su nombre.

Retomando el trabajo que tenía que finalizar, Heracles encontró al jabalí y, persiguiéndolo durante varias horas, lo fue acorralando a una zona cubierta de nieve donde, saltando sobre su lomo, lo ató con cadenas y se lo llevó a Micenas vivo, cargándolo sobre sus hombros. Cazar a esta enorme criatura fue el cuarto (tercero en algunas versiones, Pierre Grimal)1 trabajo de los doce que Euristeo mandó realizar a Heracles.

Era un jabalí que se alimentaba de hombres, creaba terremotos y sus colmillos fueron capaces de arrancar árboles de raíz.

 LIMPIAR LOS ESTABLOS DE AUGÍAS

El nuevo trabajo encargado al hijo de Zeus fue de lo más desafiante, pero aparentemente libre de riesgo, ya que Hércules debía limpiar en un solo día los establos del rey Augías, soberano de la Hélide en el Peloponeso. Este rey era hijo de Helios y había recibido de parte de su padre una enorme cantidad de ganado que fue reunido en un recinto sin posibilidad de salir y sin recibir ningún tipo de limpieza, por lo que el estiércol se fue amontonando en cantidades monumentales y había generado todo tipo de gérmenes que habían invadido toda la península, desatando grandes pestes.

Hércules tuvo que enfrentar tan vergonzosa tarea y lo hizo sin preocuparse. Se presentó ante Augías sin mencionar que había sido enviado por Euristeo y el rey creyó tan absurdo su pretensión de realizar la tarea en un solo día que ofreció trescientos bueyes si lo conseguía. El héroe acepto y Fileo, hijo del rey, fue con Hércules para ser testigo de lo que ocurriera.

Hércules se dirigió al establo y se puso a trabajar de inmediato, con toda su fuerza hizo un gran boquete en una de las paredes del recinto. Cuando éste estuvo listo, no perdió tiempo y fue trazando un surco en el suelo desde el boquete recién creado en una dirección que Fileo no terminaba de comprender, pero su sorpresa no tuvo límites cuando comprendió lo que Hércules pretendía hacer. Ese surco estaba dirigido hacia la conjunción de los ríos Alfeo y Peneo, ubicados a una altura superior a la del establo, con lo cual se lograría que las aguas de estos dos ríos fueran desviadas y atravesaran el lugar para limpiar así toda la suciedad allí reunida con el paso de los años.

Cuando Hércules terminó el surco, solo tuvo que mover la última roca.

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