Reseña de “Manhattan” de Woody Allen por Diego Rodríguez Verano (2º de bto B)

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‘Manhattan’ parece confirmarse como la película más personal a la par que autoral dentro de la extensa filmografía del neoyorquino. A través de una especie de prólogo, Allen consigue que nos sintamos inmersos dentro de la magia de esa ciudad agitada y a la vez ensoñadora que es Nueva York, convirtiéndola en un personaje más en el que se enmarcarán las vidas de varios personajes de lo más singulares y variopintos.

Isaac Davis representa a ese cuarentón amargado y sin grandes motivaciones en la vida al que ninguno de nosotros quisiera parecerse. Calvo, bajito, bastante feo y con una ex-mujer bastante ”tocapelotas” empeñada en hacerle sufrir para ganar dinero a costa de él.

Mary Wilkie es esa mujer que entra en una etapa peligrosa de su vida. No sabe lo que realmente desea hacer con su vida o de quién ésta verdaderamente enamorada, simplemente deja que todo fluya hasta que algo por fin le haga tomar una decisión definitiva.

Yale es el ”buen ciudadano” cuyo afán por ser un buen trabajador y cuidar adecuadamente de su esposa y de su mejor amigo provocan que su vida sea mundana y muy aburrida, para lo cual necesita otras ”distracciones externas”.

Tracy representa la inocencia en su estado máximo. Es muy conformista y sigue al pie de la letra los consejos de su familia y hace todo lo que se le pide, careciendo casi por completo de criterio o decisión propios, sin darse cuenta de que aún le quedan muchísimos años de vida y muchas experiencias por delante aún por vivir.

Tras este variopinto catálogo de personajes que se nos presentan como aparentemente tópicos se esconde una mordaz radiografía de cómo se encontraba la degradada sociedad norteamericana allá por la década de los 70, obsesionados con las relaciones sociales cargadas de superficialidad y carentes de todo atisbo de profundidad alguna.

A través de ambos aspectos, Allen nos hace reflexionar sobre la pareja, el sexo o la cultura a través de un guión plagado de diálogos que alcanzan el apelativo de excelentes, donde las risas pueden llegar a escocer y el drama queda como un esperpento humano de lo más cercano y realista al que inconscientemente nos vemos apegados a él día tras día. El resto se encarga de hacerlo la estupenda fotografía en blanco y negro que retrata Nueva York de una forma tan bella como pocas veces se ha visto nunca, o la templada banda sonora que consiguen introducirnos como simples viajeros más en ‘la ciudad que nunca duerme’ a través de un film inolvidable del maestro Woody Allen.

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