Si se pudiera considerar a algún escritor como un nombre clave en la Historia de la Literatura, ése sería sin lugar a dudas William Shakespeare, y no solo por la superlativa e impagable calidad de sus numerosos trabajos, sino por la infinita capacidad de influencia y transgresión que ha ejercido en el mundo de la escritura con su trabajo.
Shakespeare es merecedor de la definición de artista en su máxima expresión, un creador de imágenes, sueños y mundos capaces de sumergirnos en una burbuja en la que los amantes de las buenas historias recogen su mayor premio, pues no solo su obra se nutre de la calidad de los propios relatos, sino que éstos se cimentan sobre unos personajes dotados de tal complejidad y matización, que son la perfecta contribución para la creación de un universo tan característico y con una señas de identidad profundamente marcadas, como abierto a infinitas posibilidades e historias.
Su vida a nivel personal es tan fastuosa y productiva como enigmática, rodeada de elementos y situaciones cuanto menos peculiares, entre las que sin duda alguna destacan los llamados ‘años perdidos’ sobre los que escasísimas o ninguna referencia se tienen acerca de su persona.

Dentro de este marco de intriga y misterio se enmarca la producción de Roland Emmerich ‘Anonymous’, que convierte una interpretación más e igualmente diferente de la vida de Shakespeare en un thriller de época en el que no faltan las pasiones, el misterio o la ampulosidad de la que hace gala la etapa isabelina en Inglaterra. Tomando como referencia el hecho de la escasa información que se tiene sobre la vida académica de Shakespeare y las dudas que ésta genera acerca de la increíble y cuantiosa adquisición de conocimientos literarios e información histórica con la que compone sus historias, el guionista John Orloff toma como punto de partida al personaje de Edward de Vere, autor y literato coetáneo a William, y lo convierte en el eje sobre el que se cimenta esta reinterpretación biográfica, teniendo en cuenta el doble papel que juega este personaje llevando una especie de vida secreta al tratarse del autor real que redacta la obra que hoy le atribuimos a Shakespeare, tratándose éste de un mero seudónimo.

La poca seriedad que actualmente cobra esta teoría y la elevada veracidad sobre la misma que nos pretenden “vender” en la película desde el mismísimo tráiler no debe ser excusa para disfrutar desprejuiciadamente de un film dedicado fundamentalmente al entretenimiento y realizado con buen gusto y espectacularidad, con una espectacular recreación histórica de la Inglaterra isabelina que provoca las delicias de todo aficionado a la Literatura, a la Historia y ante todo, a las teorías conspiranoicas que avivan nuestra imaginación y a veces, nos hacen replantearnos mucho más allá de lo que somos capaces de ver.
En el extremo completamente opuesto de la balanza se encuentra la ‘Shakespeare in love’ de John Madden, ganadora de premios de gran importancia y prestigio como el propio Oscar a la Mejor Película de 1998.
Si en la otrora mencionada y comentada primaba el énfasis conspiranoico y novelesco dotado intrigas palaciegas, en ésta el objetivo es completamente diferente, realizando nueva e igualmente una reinterpretación biográfica de William Shakespeare llevada esta vez por los derroteros de la comedia romántica como se puede comprobar en sus numerosos tejemanejes y romances con Lady Viola, interpretada por una fantástica Gwyneth Paltrow. De hecho este romance es el principal hilo conductor de esta historia (el guión posee el enorme acierto de comparar dicho romance con la historia de ‘Romeo y Julieta’ escrita por el propio Shakespeare y haciendo el símil de la misma con el romance con Lady Viola con el amor prohibido como telón de fondo) “de época”, donde al igual que en la anterior ambientaciones y vestuario se encuentran cuidados de una manera sumamente especial y detallista.

El tratamiento que se le da en esta alegre versión del personaje de Shakespeare destaca por su gran diferencia respecto a la anterior, convirtiéndolo aquí en un arquetipo más cercano y tópico al clásico autor de prestigio pero al que lo último que le sobra es el dinero, y más preocupado por la redacción de sus obras dentro de su burbuja mental y por disfrutar del amor que siente por su musa, haciendo gala de una innegable capacidad de seducción propia de los héroes históricos desde tiempos inmemoriales. Y lo cierto es que a pesar de lo tópico que pudiera parecer esta transformación de la biografía shakesperiana, la trama y la propia película funcionan de manera perfecta, creando una simbiosis de comedia, romance y teatro aderezada de diversos detalles históricos (las apariciones de la reina Isabel y la gran admiración que procesa al autor, o la prohibición a las mujeres de no poder ejercer como actrices de personajes femeninos y teniendo aquí a Lady Viola como la heroína que desafía ese machista e injusto régimen impuesto por los censores) que funciona principalmente gracias a un guión ágil que garantiza el entretenimiento constante, las risas y la emoción de su desenlace, y a una interpretación protagónica de Joseph Fiennes, que crea a un desinhibido y carismático Shakespeare que lleva el peso de la historia con sumo acierto.

En conclusión, dos biografías que a pesar de no poseer una exactitud histórica nada fiable y ser ambas producto de la imaginación de sus creadores, sí que ofrecen dos versiones cuanto menos interesantes y originales tomando como referencia a un autor clave de la literatura y haciendo de su vida un fabuloso caleidoscopio en el cual disfrutar con el aroma del buen cine con el que ambas películas nos contagian.