Sufragista

 El libro comienza con una mujer anciana llena de objetos relacionados con el sufragismo, esa anciana es Sally Heathcote, que mediante su personaje ficticio, nos mostrarán su historia de cuando era joven y trabajaba de empleada en la que se convertiría en una empresa sufragista de Londres para conseguir el voto femenino y dar un pequeño paso a la igualdad. 

Desde el inicio de la novela nos muestran la situación de la mujer sufragista, pues por solo manifestarse ya eran apaleadas algunas con heridas que las dejaban sangrando y ellas por supuesto contestaban con violencia también, dando cabezazos para no ser más golpeadas.

Siguiendo con la protagonista, como decía antes, ella era empleada de la que era ahora “National Women’s Social and Political Union”. La joven Sally, se ve interesada en el proyecto de aquellas mujeres que tenían poca voz, pero entre todas causaban un gran grito alzado de guerra por algo se debía haber luchado antes. Prosiguiendo y resumiendo, el camino nunca fue fácil, pues desde la perspectiva de Sally, no solo ya era insultada, por supuesto, insultada por hombres que no querían el voto a la mujer, pero el libro también hace ver a el lector que también había hombres que apoyaban a las sufragistas, esto se ve reflejado en el chico interés romántico de Sally, el cual ayuda con la propaganda sufragista, aún sabiendo que recibirá críticas muy duras por partes de personas de su mismo género.

Otro tema muy importante que da la novela es el sufrimiento de la mujer sufragista, pues las encarcelaban y en aquella cárcel, por mucho que las intentaban hacer cambiar de opinión, pero ellas sabían por lo que luchaban. Sally lo vive en sus carnes, pues es arrestada y ella en sus momentos pasados en la cárcel seguiría luchando, haciendo incluso huelga de hambre, aún sabiendo que eso la podía matar, los funcionarios de la cárcel al ver esto, utilizaron uno de los peores métodos, la obligaron a comer mediante un tubo, justo cuando Sally salió de la cárcel, se creo “La Ley del Gato y el Ratón”, la cuál a todas las sufragistas que hicieran huelgas de hambre y quedaran muy débiles, serían liberadas para que se recuperasen y volvieran a ser encarceladas, así pues por esa ley Sally fue liberada de la cárcel.

Así pues después de unos sucesos históricos de la historia del sufragismo (tales como el caso Emily Davison e incluso la quema de casas), nuestra historia o más bien la de Sally concluye con la hija de Sally y su nieta yendo a visitarla y Sally le pregunta a su nieta que si está ilusionada por votar pues ya es mayor de edad, dando a entender que Sally y todas las sufragistas consiguieron el voto femenino.

Por Nazaret Santín, 4º ESO-C

Luces de bohemia

Cartel de Luces de bohemia

Atreverse con un texto tan clásico como “Luces de bohemia” de Valle-Inclán puede suponer un salto mortal para cualquier dramaturgo y para cualquier actor que interprete a Max Estrella. Pienso que el principal miedo que surge al llevar a escena estas obras es que las elevamos tanto como clásico que acometer un proyecto así con libertad y de una manera poco académica y canonizada resulta ya un escollo importante.

No sabría dibujar con precisión una forma académica y canonizada de abordarlo pero desde luego si estamos ante un clásico debería admitir diferentes lecturas y propuestas escénicas a lo largo de los años. El riesgo es que solo se admita que la obra se puede entender si tienes una cierta edad porque siempre se ha explicado, visto y presentado de una misma manera y esa es la válida. Si ocurre esto, es fácil deducir que no será tan clásico y definitivamente no tan bueno si resulta viejuno desde el minuto uno. 

El texto de Valle-Inclán es suficientemente elástico como para adaptarlo a cualquier época y funcionar porque el fondo es el esperpéntico país que es España. De ahí que la propuesta de Alfonso Zurro funcione. El dramaturgo se atreve a cambiar algunas partes y presentar un Max Estrella menos impostado y más naturalizado, que se degrada paulatinamente porque va agotando sus fuerzas y muestra una fragilidad más que comprensible para una persona que está harta de la realidad que vive (algo que podemos comprender hoy tanto como en épocas pasadas). 

Luces de bohemia” presenta la última noche de vida de un poeta ciego, Max Estrella, acompañado por su amigo Don Latino de Híspalis. Juntos recorren calles, tabernas, tienen enfrentamientos con la autoridad, encuentros con periodistas corruptos… y a lo largo de estos encuentros van diseccionando el ser españoles y la esencia de un país al que catalogan como un estado africano por esa idea de patriota y nacionalismo tan particular como enconada. 

Paradójicamente fuimos a verla cuando un partido de extrema derecha presenta una moción de censura a un Gobierno de corte progresista sumido en una crisis profunda debido a una pandemia sanitaria, en un momento en el que el concepto de patriota está más en boca de todo el mundo que nunca y es así como todo lo relativo en el texto a la nación “¡Viva España!” o “ministra de desgobernación” adquieren una dimensión totalmente diferente a como lo había leído anteriormente. 

En la propuesta de Zurro, el espectador ya conoce el desenlace pues nos situamos en la muerte del protagonista. Luego, como un flashback profundamente efectista el público se sumerge en ese recorrido hasta llegar al cuadro final: la muerte del poeta. 

Escena a escena la representación muta, se enriquece con aportaciones lumínicas y atrezzo que va siendo introducido y modificado por los actores. La virtualidad de la propuesta gana fuerza y empaque con las luces y el movimiento de bloques de madera que hacen de tumbas, prisiones, tabernas… Además, destaca la diversidad de matices aportada a los diferentes personajes que pululan por la escena representados por cuatro actores y actrices que confieren ironía y agilidad a la trama en la que todo es un juego de espejos hábilmente engranado para dibujar la imagen de un país y su disfuncionalidad. 

El final, el momento en el que Don Latino deja a su amigo en la puerta de su casa como tantas otras veces y este muere solo es impagable. La intensidad de la escena se completa cuando Don Latino le roba la cartera y el décimo a la vez que a sus espaldas, en esa pasarela sobreelevada va desfilando su propio entierro, el del protagonista. 

La metamorfosis

Franz Kafka publicó en 1915 La metamorfosis, una obra con cierto eco biográfico y que inaugura la literatura del absurdo. Una mañana Gregorio Samsa se levanta con gran malestar y descubre que se ha convertido en un insecto gigante. Bajo esta premisa que raya lo fantástico Kafka abre una puerta a la realidad de principios de siglo XX, un momento en el que las certezas del XIX han dejado paso a la duda, la gran duda de la falta de una verdad fija sobre la que construir un nuevo pensamiento.

La transformación que vive el protagonista le afecta a él, a su trabajo y a su familia. Siendo el sustento familiar, pronto descubrimos cómo del amor y compasión dan paso a la vergüenza, a la frustración y a la marginación.

Gregorio sigue siendo él mismo, pero atrapado en un cuerpo equivocado, el de un insecto monstruoso. Esa visión del monstruo y del marginado es la que Kafka convoca en esta novela y consigue retratar perfectamente los miedos más irracionales y cómo reaccionamos las personas sin la menor empatía ante cualquier tipo de transformación.

Esa reacción es más virulenta si cabe cuando las circunstancias bajo la que vivimos se ven amenazadas, si nuestro modo de vida se ve amenazado por alguien que interfiere en ella o necesita de nosotros y, en consecuencia, de que modifiquemos nuestra manera de comportarnos y relacionarnos con el mundo.

En 2012 Xavier Dolan escribía y dirigía Lawrence Anyways, una película que habla de una transformación más real y contemporánea, la transexualidad, y que igual que la de Kafka también provoca rechazo y marginación en la sociedad actual, así como grandes sacudidas en el seno de las relaciones sociales del individuo que la experimenta.